Buscar trabajo: Cuando el pánico deja de ser irracional (entrada gentileza de Boadicea)

Posted on febrero 24, 2011

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Nos llaman la Generación Reconvertida, la Generación Perdida o cosas peores. Somos los jóvenes mejor preparados de la historia de este país (no por la formación universitaria recibida, desde luego, todos sabemos que está mal diseñada y cualquier parecido de la carrera con la realidad del ejercicio profesional es pura coincidencia) y, a pesar de ello, sólo conseguimos llegar a senior en profesiones no remuneradas… y lo que nos queda.

La primera de esas profesiones fue estudiar: carrera, másters o postgrados, mil cursos, idiomas, informática,… La generación anterior nos vendió la moto de que, teniendo un buen CV y preparándonos a fondo, nos podríamos dedicar a lo que nos gustaba (los más atrevidos incluso decían que podríamos elegir trabajo y empresa) y que estaríamos protegidos de las malas condiciones laborales y de los contratos que convierten la esclavitud en una tarde de picnic. O nos estaban gastando una broma y fuimos demasiados tontos para pillarla, o nuestra generación debería demandar a la de nuestros padres por fraude.

La segunda es buscar trabajo. Ya sea como becario o como profesional con poca experiencia, la rutina es la misma: enviar CV’s de forma espontánea, recorrer empresas intentando conseguir una entrevista, buscar contactos, asistir a eventos, responder a ofertas en las que, a los 10 minutos de ser publicadas, ya somos 350 candidatos. En este último caso, además, competimos con profesionales con experiencia dispuestos a aceptar condiciones absolutamente vergonzosas porque todos necesitamos trabajar y, teniendo familia y/o hipoteca que pagar, la dignidad profesional es algo que no siempre puedes permitirte.

Estamos hartos de oír que ya vendrán tiempos mejores, que los mejor preparados al final triunfarán o que haber pasado los que se supone que debían ser los mejores años de nuestra vida estudiando no es un auténtico desperdicio. Un vistazo a nuestro alrededor basta para poner en evidencia esas mentiras. Estamos en las mismas circunstancias que nuestros compañeros que se dedicaron a sacar la carrera por los pelos y pegarse la vida padre saliendo de fiesta 4 noches por semana. A estas alturas de la película, está claro que los realmente listos fueron ellos. El mundo no es justo, el bien no triunfa sobre el mal de forma automática, le ocurren cosas horribles a gente buena y merecer lo que sea (ya sea bueno o malo) rara vez tiene algo que ver con conseguirlo. Les agradecemos la intención pero, por favor, cambien de argumento. Ya compramos una moto en su día, no necesitamos otra.

Mientras más te mueves y más empresas visitas, más cuenta te das de que esta situación aún dista mucho de estar resuelta y ves claramente que, pensando como piensa y funcionando como funciona el grueso de la población, hasta bien estamos para como deberíamos estar. Productividad y profesionalidad son palabras molestas que ni se practican ni se quieren practicar. La dichosa crisis es la excusa de moda para justificar unos malos resultados producto de la ineficacia y la ineficiencia. Empresas que no se han visto afectadas por la situación se aprovechan de ella para explotar a sus trabajadores, tener menos personal del necesario, exigir jornadas casi dobles a base de horas extras no registradas y, desde luego, no remuneradas, encargar a becarios trabajos que necesitan de una mano experta, o contratar para las tareas que antes servían para empezar y coger experiencia a gente que perdió su puesto en otra empresa (por supuesto, a precio de saldo). Están creando un gap gracias al cual nos convertiremos en becarios de 40 años a los que, evidentemente, no querrán contratar.

Cuantos más contactos haces y, sobre todo si son contactos de cierta entidad, más claro tienes que da igual lo que hagas y lo bien que seas capaz de hacerlo. Se quejan de lo mal que va todo y de que sus mastodónticas empresas sufren de anemia… pero en realidad lo que necesita alimentación, entrenamiento y un considerable aumento de masa muscular es su forma de gestionar y, sobre todo, de priorizar. Términos como eficacia, eficiencia o RSC sólo tienen valor de imagen, expresiones como beneficios sostenibles en el tiempo o captación y retención del talento les suenan a watusi. Mientras tanto, nosotros (ingenieros, médicos, abogados,…) nos conformamos con ser cajeros en McDonald’s para llegar a fin de mes. Sí, he dicho “nos conformamos”. Decir que nos alegramos de serlo sería demasiado.

Todo esto pasa factura, y no me refiero sólo a que nuestros padres sigan teniendo que mantenernos hasta edades absolutamente indecentes. Hablo de la factura emocional. Ves que el tiempo pasa y que aún falta mucho para que las cosas se arreglen. Cada vez tienes más dudas de que realmente esto tenga solución y cuando oyes hablar de refundar el capitalismo, rescatar bancos, cajas y otras hierbas te entra un sudor frío. Te das cuenta de que, los mismos que se han autoelegido como encargados de resolverlo, son los que crearon el problema y exprimieron hasta la náusea a todos y cada uno de los agentes del sistema… porque sabían perfectamente lo que estaba a punto de ocurrir (perdónenme si no me creo que no lo vieran venir. Para eso había que ser o muy tonto o estar muy ciego, y no se ocupan los puestos que tienen esos individuos siendo simples teleñecos con traje caro).

Poco a poco, el pánico gana la batalla. En los momentos de serenidad te intentas convencer de que es un pánico irracional, de que la lógica dice que esto no puede seguir así sine die… hasta que un día te das cuenta de que el “irracional” sobra. Por supuesto que esto se puede prolongar y lo hará, lo está haciendo. Cada entrevista que consigas (en el caso de que consigas alguna) puede ser la última en mucho tiempo. ¿Recuerdan cómo han ido evolucionando las previsiones y los horizontes temporales que se hacen públicos regularmente?

Da igual si gobierna el equipo rojo, el azul, o el verde con lunares. Mientras empresas, empresarios y trabajadores residentes en el país de GH y Sálvame, carezcan de visión estratégica y de conjunto, dará igual qué medidas se tomen (una buena medida se convertirá en una medida inútil en el mismo momento en que la gente piense antes en aprovecharse de ella que en aprovecharla). Vivimos en el mundo del “siempre se ha hecho así”, pero casi nadie se atreve a decir que esa frase está incompleta. Si la decimos entera se convierte en “SIEMPRE SE HA HECHO ASÍ… Y POR ESO ESTAMOS COMO ESTAMOS”.

 

Entrada gentileza de Boadicea.

 

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