Gorliz

Posted on julio 25, 2010

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Un marco de belleza incomparable situado en la costa bizkaina a pie de playa,rodeado de naturaleza para que los pacientes disfruten de una estancia muy agradable y tengan
una pronta recuperación.
Mal no suena, no?
Y mal no se ve, verdad?
Con su arenita, su mar, sus chiringos

sus barquitos de recreo

sus motos acuáticas, sus piragüas, sus vigilantes de la playa

sus bici-polis como en Santa Mónica

sus moritos vendiendote hasta a la abuela… sus sablazos por una ración de rabas.
Lo mismito que en el cualquier zona costera en verano al que vas a vacacionear, vamos.
Ideal de la muerte.
Pues bien.
Eso es todo publicidad porque la verdad es otra muy distinta, como sacada de una peli de terror.
Alli los pacientes son como pedazos de carne que no les importan nada al personal del lugar.
Los enfermeros son como chulos de playa (pero sin fardahuevos) que solo piensan en estar en la terraza tomando el sol, bronceandose, todo el dia colgados al teléfono, ignorando las llamadas de las habitaciones, atendiendolas cuando mejor les viene a ellos.
Las auxilares son como matones de discoteca, que te miran por encima del hombro, con asco cuando las dices lo que tienen que hacer o lo que el paciente necesita en ese momento.
Obligan casi a punta de pistola a comer a los pacientes, cebandoles como si de ocas para hacer fua se tratara, sin mimo, sin tacto… con prisas.
Los celadores se creen los amos de la barraca, porque en vez de estar a tus ordenes cuando los necesitas están cuando a ellos les viene bien, al igual que los enfermeros.
Pasan de todo como de la mierda.
Están a hacer sus horas para ganarse la nómina a fin de mes y punto.
Los médicos… esos sabes que existen porque figura su nombre en la tarjeta de ingreso ya que lo que se dice verlos no se les ve nunca.
Como el cometa Halley; pasan una vez cada 76 años y/o estas allí en el momento oportuno u olvidate de saber el estado real de tu familiar.
Para mi Gorliz es un puto vertedero donde tiran literamente a los ancianitos como si fueran basura y esperan a que se consuman como ese cigarro que dejas en cualquier lado sin darte cuenta.
Como si fueran despojos humanos que no sirven para nada y nadie quiere tener.
Como ese perrete que cuando crece y deja de hacer gracia es abandonado a su suerte en alguna carretera secundaria.
Se me cae el alma a los pies cada vez que voy allí.
Me hierve la sangre de mala manera.
Se me encrispan los nervios.
Me cabreo, me indigno, protesto, juro y perjuro, pero es como gritar a la nada.
Vergüenza me da reconocer que formo parte de ese gremio del terror y lo digo con la boca pequeña (soy auxiliar de clínica)
Ansio, deseo, anhelo que acabe ya mi peregrinación diaria a esa casa de los horrores, a la cual voy no por voluntad propía ni por gusto.
Yo no pedí que llevaran a mi tía a ese antro de mierda.
Me lo impusieron sin que yo lo supiera y no pude hacer nada.
Ni mu me dejaron decir.
Quizás exagere o quizás no.
Puede que sea fruto de una mala jugada del destino y que el personal sea realmente encantador y se deshagan en atenciones con los allí internados pero yo… yo no ví eso todavía.
Sólo veo dolor, soledad, miseria, pena, miradas perdidas suplicando un poco de atención, de cariño, de calor humano….

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